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Personas con Inteligencia límite: Un colectivo en tierra de nadie

por enDiscapacidad Intelectual, Educación, Pedagogía, Reeducación Pedagógica 27 enero, 2020

La inteligencia límite puede parecer, en principio, un concepto de fácil definición, especialmente si tenemos en cuenta la clasificación de la OMS, basada en el cociente intelectual: una persona con inteligencia límite es aquella cuyo cociente intelectual se sitúa entre 70 y 85, es decir, justo por debajo de lo que se considera normal, pero tampoco englobado dentro del retraso mental.

Si nos basamos en otras definiciones, como la de la Asociación Americana de Retraso Mental, que considera otros aspectos además del cociente intelectual, como son las habilidades (vida en el hogar, tiempo libre, utilización de la comunidad…), vemos que la definición ya no es tan sencilla, y que los instrumentos de trabajo y valoración empiezan a ajustarse a la realidad del colectivo de personas con inteligencia límite, y a contemplar aspectos de adaptación, factores sociales, aprendizaje…

Es decir, las personas con inteligencia límite no tienen un retraso mental, pero tampoco disponen de unas habilidades cognitivas y personales para enfrentarse a las exigencias del entorno como cualquier otra persona. Esta limitación intelectual, asociada a dificultades para adaptarse al entorno, configura la esencia de los “borderlines”. Concepto que en los últimos años se ha puesto de moda para designarlos, y que la ciudadanía ha empezado a escuchar e interiorizar, pero que realmente no saben exactamente qué problemas tienen las personas de este colectivo.

La inteligencia límite comporta, en la mayoría de los casos, un desajuste social, provocado principalmente por la falta de adaptación al entorno. Podemos decir que las personas con este handicap no están hechas al entorno que los rodea (demasiado competitivo, exigente, rápido…) ni el entorno está hecho para las personas con inteligencia límite (no se conoce la problemática, ni sus dificultades y capacidades, no se les tiene en cuenta en el Sistema Educativo…)

Las personas con inteligencia límite son las grandes desubicadas dentro del sistema educativo. Algunos, dentro de la escuela ordinaria, se han sentido diferentes y muchas veces han visto cómo eran considerados “vagos” por los adultos. Siendo los grandes desconocidos e ignorados.

Una vez diagnosticados como personas con inteligencia límite, en la escuela ordinaria se han sentido rechazados por los demás, y cuando han llegado a un centro adaptado se han encontrado con personas con limitaciones más acentuadas que las suyas por lo que tampoco han encontrado su lugar y se han vuelto a sentir diferentes y desubicados. Por todo esto es frecuente que en la adolescencia aparezcan dificultades de interacción social, se sientan solos y no encuentren su lugar en el mundo. Además de tener un alto porcentaje de abandono escolar.

Las personas con inteligencia límite viven generalmente a lo largo de su infancia y adolescencia más experiencias de fracaso que de éxito, y esto conlleva que en muchas ocasiones eviten enfrentarse a situaciones en las que corran el peligro de equivocarse.

La poca tolerancia a la frustración limita la vivencia de experiencias personales que ayudan a cualquier persona a crecer y madurar. La autoestima se resiente y su bienestar emocional y personal disminuye, siendo probable que surjan trastornos emocionales o conductuales. Es importante trabajar la autoestima, la autodeterminación, las habilidades sociales y la capacidad de tolerar frustraciones. Hay que apoyar a la persona, pero nunca sobreprotegerla o decidir por ella.

Si la etapa educativa es difícil, cuando llegan a la etapa laboral la situación no es mucho mejor.

La entrada al mundo laboral está llena de desengaños. Les es muy difícil encontrar trabajo y cuando lo hacen en muchas empresas no tienen en cuenta sus limitaciones y su tiempo de adaptación y aprendizaje.

Es necesario ofrecer al trabajador y a la empresa una ayuda para una mutua adaptación. Esto se conoce como trabajo con apoyo. Aunque se han puesto en funcionamiento diferentes iniciativas de estas características, hay que hacer un esfuerzo creativo tanto por parte de las empresas como de las entidades que trabajan para la integración laboral de estas personas, para conseguir proyectos que beneficien a todo el mundo.

El trabajo con las personas con inteligencia límite tiene que abordarse desde tres niveles: social, familiar y personal.

La sociedad necesita instrumentos de conocimiento y reflexión para plantear el “lugar” social que ocupan estas personas. Sin consideración no pueden existir soportes y ayudas (institucionales, asociativas, individuales…). Es muy importante darlos a conocer, que la sociedad sea consciente de la existencia de este colectivo y de su problemática.

Por otro lado, la familia es el principal apoyo en la evolución y la integración social de este colectivo, porque mediante su comprensión, protección y ayuda puede modificar las oportunidades de integración de estas personas.

Y no podemos olvidarnos de la misma persona, que tiene que ir decidiendo y construyendo su propio futuro y poner de su parte.

Aún queda muchísimo camino por recorrer en el mundo de la inteligencia límite. Hace falta una gran dosis de trabajo, sensibilización, tolerancia, comprensión y, sobre todo, una gran capacidad de escucha para conocer las necesidades que estas personas presentan.

En Gadein creemos que vale la pena, por eso trabajamos con y para ellos, poniendo a su disposición servicios adaptados a sus necesidades en todas las etapas de su desarrollo, en Infantil con atención temprana y estimulación sensorial, en primaria  y secundaria con apoyo educativo adaptado a sus necesidades y sesiones individualizadas de desarrollo personal y en la edad adulta con la preparación de oposiciones adaptadas a ellos y sesiones individualizadas y grupales de desarrollo personal y orientación laboral. 

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