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Siete consejos para motivar a tu hijo en los estudios

por enEducación, Pedagogía 18 febrero, 2019

1.- Créale un buen espacio para estudiar. Parece una tontería, pero no lo es.

Un espacio acogedor y organizado, sin distracciones (es importante quitar de la vista el móvil, el ordenador, juegos…), que esté todo ordenado y limpio, bien iluminado, con un escritorio amplio y despejado de cosas inútiles o que le distraigan.

Si estudia en la cama o en alguna parte de la casa donde haya factores distractores (como la cocina, el salón, o en el caso de que comparta habitación), sería conveniente crearle un espacio para él que le invite a sentarse.

2.- Pregúntale por cada una de las asignaturas que tiene, una por una, escuchando lo que el niño tiene que decir de todas ellas.

Es importante saber cuál es su situación en cada materia: dónde ve las dificultades a nivel de temario, si ha tenido algún problema con el profesor, si posee un bloqueo especial con una clase, si ha habido algún tipo de conflicto…

Es bueno que tu hijo sienta que sabes cuál es su situación y que te interesa cómo le va en el colegio, y así pueda contarte cómo le va con frecuencia.

Esto sirve para prevenir que tu hijo se encierre en sí mismo y evite contarte las cosas porque piense que tú no sabes nada y no lo vas a entender.

Si los padres no se interesan durante el trimestre por cómo le va a su hijo, y sólo le interesa el resultado final del trimestre, es decir, las notas, es más probable que el niño sufra fracaso escolar.

3.- Es importante plantear unos objetivos realistas en cuanto a sus estudios.

Si le está yendo mal en muchas asignaturas, no se le puede poner como objetivo aprobar todas las asignaturas y con buena nota.

Es importante trabajar con metas concretas y accesibles, realistas a la hora de cumplirlas.

Es útil establecer un premio para cada una de esas metas cuando se consigan. Es preferible que esos refuerzos no sean principalmente de cosas materiales, sino más bien experiencias o permisos, hacer cosas juntos los fines de semana…

¡Y cuidado con los castigos! Mejor no los utilices si no tienes claro cómo hacerlo. A veces se consigue el efecto contrario.

4.- Ayúdale a elaborarse un horario organizado de trabajo, una planificación con todos los días de la semana y todas las horas del día, anotando qué va a hacer en cada una de ellas, ya sea colegio, actividad extraescolar, deberes (especificar qué asignaturas trabajará en cada momento), descansos y otras actividades obligatorias o de ocio.

Este horario no ha de ser rígido, porque en ocasiones resulta imposible cumplirlo, por lo que puede ser modificado puntualmente. Es algo orientativo que le sirve para organizarse y planificarse. Pero debe intentar cumplirlo dentro de lo posible.

5.- Es muy importante que no asocie los estudios y los deberes a una obligación desagradable, peleas, discusiones y gritos… de esa manera es normal que se convierta en un sufrimiento y lo evite.

Procura que el momento de hacer los deberes o estudiar sea un momento más del día, agradable y reforzante para él.

Los comentarios positivos cuando ves que se está esforzando (más allá de los resultados obtenidos) ayudan muchísimo a que se sienta orgulloso y motivado.

6.- Reflexiona con tu hijo sobre su futuro: ¿Qué quiere ser de mayor? ¿Dónde te gustaría trabajar? Conteste lo que conteste, respeta y apoya.

Intenta no reflejar en él tus deseos personales.

Tener objetivos a largo plazo y relacionarlos con las decisiones presentes puede ayudar al niño a motivarse. Trabaja también con los objetivos a corto plazo.

Podéis elaborar una lista de “Beneficios de no estudiar” / “Problemas de no estudiar”, y lo mismo con “Beneficios de estudiar” / “Problemas de estudiar”.

Éste es un ejercicio de reflexión donde el niño puede descubrir que las ventajas de estudiar son más que las de no estudiar, aunque sea difícil ponerse a ello.

Es importante que sea él quien reflexione, debe hacer la lista él y rellenarla él.

Ten paciencia y espera que él las vaya deduciendo.

7.- Nunca lo compares, no le digas cosas del tipo: “yo a tu edad…”o “mira tu hermano…”. Estas frases no tienen ningún efecto positivo sobre el niño: más bien al contrario; producen una actitud desafiante y negativa.

Las comparaciones son odiosas: pueden dañar su autoestima y hacer que todo acabe complicándose más.

Para poner todo esto en práctica hace falta paciencia y constancia, pero les ayuda a motivarse y querer conseguir buenos resultados por ellos mismos y no por contentar a los demás. Además de afianzar vínculos en la relación paterno-filial.

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